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Volumen IX, núm 6, Periodo Noviembre-Diciembre 2018


Estimación de los umbrales auditivos no orgánicos mediante estímulos auditivos binaurales

Linda W. Norrix, Vivian Rubiano y Thomas Muller
Departamento de Ciencias del Habla, el Lenguaje y la Audición, The University of Arizona, Tucson


Objetivo: Los niveles mínimos de interferencia contralateral (MCIL, por sus siglas en inglés) se utilizan para estimar los umbrales auditivos reales de personas que presentan una pérdida auditiva unilateral no orgánica. En este estudio determinamos los MCIL y examinamos su correspondencia con los umbrales auditivos reales con el fin de cuantificar la precisión de este procedimiento.

Método: Participaron dieciséis adultos con audición normal. Se les indicó que fingieran una pérdida auditiva unilateral a 1,0, 2,0 y 4,0 kHz. Se determinaron los MCIL. Los participantes facilitaron también juicios de lateralidad de tonos presentados simultáneamente con diversas diferencias de intensidad interaural.

Resultados: Los intervalos de confianza del 90%, calculados para las distribuciones, indican que se prevé que, en el 90% de los casos, el MCIL se encontraría muy próximo al umbral, con aproximadamente 17-19 dB peor que el umbral auditivo real. La proximidad del MCIL al umbral real parece basarse en el criterio de respuesta del individuo.

Conclusiones: El sesgo de respuesta influye en el MCIL y en la proximidad del MCIL al umbral auditivo real. El clínico nunca puede saber el sesgo de respuesta de un cliente y, por lo tanto, debe usar un intervalo de confianza del 90% para predecir el rango del umbral esperado real. Basándose en este enfoque, un clínico puede suponer que el umbral real se encuentra a 19 dB, como mucho, por encima del MCIL.


La pérdida auditiva no orgánica (NOHL, por sus siglas en inglés) es un término que se utiliza para describir la pérdida auditiva que, basándose en técnicas de pruebas conductuales, no se puede explicar con una causa orgánica. Una persona que presente una NOHL puede estar fingiendo una pérdida auditiva o exagerando la gravedad de una pérdida auditiva existente. Es decir, la pérdida auditiva puede ser enteramente no orgánica o, lo que suele ser más habitual, existirá una superposición no orgánica en una pérdida auditiva orgánica (Gelfand, 2016). Si bien se considera que el fingimiento o la exageración de una pérdida auditiva suele ser intencional, la NOHL también puede ser involuntaria (p. ej., un trastorno de conversión). Otros términos que se utilizan para describir la NOHL y sus variaciones son simulación, pseudohipacusia, pérdida auditiva funcional, pérdida auditiva histérica y pérdida auditiva psicógena (Austen y Lynch, 2004). Al igual que Austen y Lynch (2004), utilizamos el término no orgánico en este artículo porque implica “lo menos posible sobre su causa” (pág. 450), ya que en la mayoría de los casos la causa no se puede inferir de una manera concluyente.

La NOHL se puede presentar bilateralmente o unilateralmente. En los casos de pérdida auditiva unilateral, el test de Stenger, diseñado en 1907 (citada por Bergman, 1964), es una valiosa herramienta clínica para identificar la NOHL (Altshuler, 1970; Chaiklin y Ventry, 1965). Si bien algunos autores señalan que la prueba puede determinar la validez de una asimetría cuando la diferencia entre los umbrales auditivos de los dos oídos es igual o superior a 20 dB (Katz, Medwetzsky, Burkard y Hood, 2009; Ventry, 1962), otros autores sugieren que se necesita una asimetría de 30 o 40 dB (Durmaz, Karahatay, Satar y Hidir, 2009; Gelfand, 2016; Peck, 2011).

El test de Stenger se basa en el principio de Stenger, que describe la fusión y la lateralidad de un evento perceptivo cuando dos estímulos similares (p. ej., tonos puros, palabras de tipo espondeo) se presentan simultáneamente y en fase en ambos oídos con intensidades variables. Los estímulos tonales o del habla se suelen fusionar en un solo evento y se perciben en diferentes lugares de la cabeza, dependiendo de las intensidades relativas o las diferencias del nivel de sensación (SL, por sus siglas en inglés) en ambos oídos. Al realizar el test de Stenger, se presenta un tono a 10 dB por encima del umbral auditivo obtenido en el mejor oído, que llamamos el oído “bueno”. Simultáneamente, un segundo tono de la misma frecuencia se presenta a 10 dB por debajo del umbral auditivo obtenido en el oído con la NOHL, que llamamos el oído “deficiente”. En el caso de alguien que finja una pérdida auditiva, ambos tonos estarán por encima del umbral y serán audibles cuando se presenten solos. Sin embargo, cuando se presentan simultáneamente, los tonos se fusionan en una sola imagen, con la imagen lateralizada hacia o en el oído con la NOHL donde el SL es más elevado. El oyente no es consciente del tono en el oído “bueno” y no responde a los tonos presentados simultáneamente. Este resultado se denomina un Stenger positivo y es coherente con una NOHL. Si la persona responde que detecta los tonos presentados simultáneamente, la prueba de Stenger es negativa, lo que indica que existe una pérdida auditiva real en el oído “deficiente” (el oyente solo era consciente del tono presentado a 10 dB SL en el oído “bueno”).

En el caso de las personas que presentan una NOHL unilateral, se pueden obtener niveles mínimos de interferencia contralateral (MCIL) para estimar los umbrales auditivos reales en el oído “deficiente”. Un MCIL, también conocido como umbral de Stenger, se obtiene de una manera similar a la prueba de Stenger con una variación. Mientras que el tono presentado en el oído “bueno” se mantiene de manera constante en 10 dB SL (10 dB por encima del umbral audiométrico), el nivel del tono presentado en el oído “deficiente” comienza a un nivel de audición (HL, por sus siglas en inglés) de 0 dB y aumenta en incrementos de 5 dB hasta que la persona deje de responder a los tonos presentados simultáneamente o hasta que se alcance el umbral admitido por la persona. Si la persona deja de responder, el nivel en el que deje de responder a los tonos presentados simultáneamente, definido como el MCIL, será el nivel en que el tono en el oído “deficiente” adquiere prioridad perceptiva, impidiendo que la persona se percate del tono en el oído “bueno”. Como resultado, el MCIL se utiliza para estimar los umbrales auditivos reales en el oído “deficiente” o fingido. Sin embargo, ¿hasta qué punto puede ser precisa esta estimación?

Los MCIL se han examinado en grupos de personas con una audición normal que reciben instrucciones para que finjan una pérdida auditiva unilateral. Peck y Ross (1970) obtuvieron niveles de interferencia medios, que definieron como «el SL mínimo en el que el tono en el oído “peor” interfiere con la percepción del tono en el oído “mejor”» (pág. 218), en un grupo de 35 adultos con audición normal. Sus hallazgos mostraron niveles de interferencia medios de 7 a 10 dB para las frecuencias de 0,5, 1,0 y 2,0 kHz. No obstante, no queda claro si se referían al SL relativo al oído “mejor” o al oído “peor”. En lugar de informar sobre los niveles de interferencia, Boyd, Rowson y Reeves (1991) calcularon los umbrales relativos de Stenger para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz en 17 adultos con audición normal. Los umbrales relativos de Stenger se definieron como el umbral de Stenger, que es el MCIL (en dB HL) menos el umbral real (en dB HL). Encontraron que los umbrales relativos de Stenger eran, en promedio, de 11 a 12 dB con desviaciones típicas entre 5 y 10 dB. Es decir, los MCIL eran de 11 a 12 dB inferiores a los umbrales reales. No obstante, se observó que algunas personas tenían MCIL próximos al umbral real, mientras que otras tenían MCIL que eran de 20 a 30 dB inferiores a los umbrales auditivos reales.

Es probable que el MCIL de una persona esté influenciado por el criterio de respuesta que utilice para decidir cuándo oye el tono en el oído supuestamente “deficiente”. Se debe recordar que cuando escucha el tono en el oído “deficiente”, la persona que finge una pérdida auditiva deja de responder. Durante la lateralidad, las diferencias en el SL entre ambos oídos pueden alejar el tono del oído “bueno” hacia la línea central, pueden dar lugar a una lateralidad de la línea central, pueden alejar el tono de la línea central hacia el oído “deficiente” o pueden dar lugar a que se lateralice el tono en el oído “deficiente”. Por lo tanto, el criterio de respuesta de una persona o la decisión sobre cuándo escucha el tono en el oído “deficiente” determinará la magnitud del MCIL. Si bien algunas personas pueden dejar de responder cuando perciben que el tono se aleja del oído “bueno”, otras pueden dejar de responder cuando el tono se lateraliza totalmente en el oído “deficiente”. Si bien en algunos estudios se han examinado los MCIL en personas a las que se indicó que fingieran una pérdida auditiva y en otros estudios se ha examinado la lateralidad como una función de las diferencias de intensidad interaural, no tenemos constancia de ningún estudio en que se hayan examinado estos efectos en el mismo grupo de personas.

En este estudio, el principio de Stenger se utiliza para examinar los MCIL y su correspondencia con los umbrales auditivos reales en personas a las que se indica que finjan una pérdida auditiva unilateral. Además, examinamos las diferencias de SL entre ambos oídos y las calificaciones de lateralidad asociadas con los MCIL. Las implicaciones clínicas del estudio incluyen una mejor comprensión de la asimetría necesaria para obtener un efecto Stenger fiable y el desarrollo de un rango en torno al cual se prevea un umbral real cuando se obtengan los MCIL.

El departamento de Ciencias Sociales y Conductuales del Programa de Protección de Sujetos Humanos de la University of Arizona revisó y aprobó este trabajo de investigación. Se obtuvo el consentimiento informado de todos los participantes.

Método general

Sujetos

Dieciséis adultos (13 mujeres y 3 hombres), con edades entre 18 y 33 años (M = 23 años, DT = 3,93 años) participaron en el estudio. Todos los adultos presentaron canales auditivos limpios en la inspección otoscópica y unos umbrales auditivos normales de 15 dB HL o superiores a 1,0, 2,0 y 4,0 kHz en ambos oídos. Se determinaron los umbrales utilizando la técnica de Hughson-Westlake modificada, tal como la describen Carhart y Jerger (1959). En la Tabla 1 se muestran los umbrales medios y las diferencias interaurales para cada frecuencia de los 16 sujetos. La mayoría (92%) de las diferencias interaurales de umbrales fue de 5 dB o inferior.

Tabla 1

Para simular de una manera más precisa a un paciente clínico del que se espera que no tenga conocimientos de audiología o de técnicas audiologicas, se excluyeron del estudio audiólogos o alumnos de posgrado que se especializaban en audiología. La inscripción de los sujetos se realizó a través de un folleto publicado en el edificio de Ciencias de Habla, Lenguaje y Audición de la University of Arizona, que se ofrecieron como voluntarios o recibieron créditos de curso por su participación en la investigación. Cada sujeto participó primero en la Parte I y, a continuación, en la Parte II de este experimento.

Procedimientos generales

Todas las pruebas y la recopilación de datos se realizaron en una cabina insonorizada de doble pared. Se utilizó un audiómetro Grason-Stadler GSI 61, calibrado según las especificaciones S3.6-2010 del American National Standards Institute (2010) para los auriculares de inserción ER-3A, con el fin de presentar estímulos de tonos puros. Debido a que la colocación de los auriculares y la inserción puede influir en el nivel de presión sonora en la membrana timpánica y en las medidas de umbral (véanse Hershkowitz y Durlach, 1969; Stuart, Stenstrom, Tompkins y Vandenhoff, 1991; Wilber, Kruger y Killion, 1988), el nivel de presión sonora (en decibelios con ponderación A) en las membranas timpánicas de cada sujeto se midió utilizando un Audioscan Verifit y los micrófonos de tubo de sonda que le acompañan. Los tubos de sonda se midieron previamente a 28 mm para los sujetos femeninos y a 30 mm para los sujetos masculinos (Pumford y Sinclair, 2001) y se insertaron en ambos canales auditivos antes de la determinación del umbral, donde permanecieron durante la Parte I y la Parte II de este estudio.

Las medidas de los canales auditivos previas al experimento se obtuvieron presentando tonos puros constantes de 70 dB HL en los oídos derecho e izquierdo utilizando los canales 1 y 2 del audiómetro. El nivel de presión sonora (en decibelios con ponderación A) medido con los tubos de sonda se registró para las frecuencias 1,0, 2,0 y 4,0 kHz. Se requería que las mediciones fueran de ±3 dB entre ambos oídos. Si las mediciones iniciales entre ambos oídos diferían en más de 3 dB, se retiraban y reemplazaban los auriculares de inserción para alcanzar una diferencia que no fuera superior a 3 dB. La diferencia interaural promedio fue de 1.3 dB (DT = 0,9 dB).


Parte I

Procedimientos

Se indicó a los sujetos que “fingieran” una pérdida auditiva total en un oído (designado como el oído “deficiente”). La mitad de los adultos fingió una pérdida auditiva en el oído derecho y la otra mitad en el oído izquierdo.

Las frecuencias fueron de 1,0, 2,0 y 4,0 kHz. Para cada frecuencia se presentaron simultáneamente tonos de estado estable de aproximadamente 2 segundos en ambos oídos, y se indicó a los sujetos que presionaran un botón cada vez que oyeran un tono. El tono en el oído “bueno” siempre se presentaba a 10 dB SL (10 dB superior al umbral audiométrico) para la frecuencia en cuestión. El nivel de presentación del tono en el oído “deficiente” fingido se variaba desde 0 dB HL (cuatro sujetos) o desde -10 dB HL (12 sujetos)1 hasta un máximo de 50 dB HL, en orden ascendente. Se utilizaron incrementos de 5 dB para niveles de intensidad inferiores a 10 dB HL, incrementos de 2 dB entre 10 y 30 dB HL, e incrementos de 5 dB entre 30 y 50 dB HL. Se eligieron incrementos de 2 dB entre 10 y 30 dB HL porque esperábamos que los MCIL se produjeran en esta región de intensidad.

Cuando el sujeto no respondía a la presentación de los tonos en un incremento de 10 dB, finalizaba la prueba del ensayo. Este procedimiento se repetía tres veces para cada frecuencia con una aleatorización de reemplazo del orden de las frecuencias de prueba y un nuevo orden aleatorio para cada sujeto. De esta manera, cada sujeto participaba en tres ensayos para cada frecuencia con un total de nueve ensayos.

Análisis de los datos

Anticipamos que los sujetos detectarían el tono en el oído “bueno” y responderían al nivel de presentación inicial (es decir, el tono en el oído “bueno” se presentaba a 10 dB SL (10 dB por encima del umbral audiométrico), y el tono en el oído “deficiente” se presentaba a 0 o -10 dB HL). No obstante, un sujeto no respondió a los tonos de 4,0 kHz en los niveles de presentación iniciales a pesar de que el nivel inicial en el oído “deficiente” era de -10 dB HL. Por lo tanto, los datos de este sujeto en los tonos de 4,0 kHz no se incluyeron en los análisis de datos.


Resultados

Los MCIL promedio fueron de 12,5, 15,1 y 13,5 dB HL para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz, respectivamente. En la Tabla 2 se muestra que más del 86% de nuestros sujetos presentaba un MCIL inferior a 20 o 25 dB HL. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, cuando no existe una pérdida auditiva orgánica en un cliente que presenta una pérdida auditiva unilateral no orgánica, el MCIL obtenido se encontrará en el rango de audición normal o “casi normal”. Los umbrales relativos medios de Stenger, definidos como el MCIL menos el umbral auditivo real, se muestran en la Figura 1. La diferencia promedio entre el MCIL y el umbral real fue de 7,6, 9,7 y 8,9 dB para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz, respectivamente. Se observó una variabilidad individual con rangos de umbrales relativos de Stenger de -3 a 22 dB, de 5 a 28 dB, y de 2 a 17 dB para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz, respectivamente. Para cada frecuencia se calcularon intervalos de confianza del 90% para las distribuciones multiplicando la desviación típica por el estadístico t apropiado, y sumando y restando el valor obtenido a la media. Como se puede apreciar en la Tabla 3, para todas las frecuencias se esperaba que el MCIL en el 90% de los casos se encontrase entre el umbral auditivo real, o muy próximo al umbral, y aproximadamente 17-19 dB peor que el umbral auditivo real.

Tabla 2

Figura 1

Tabla 3

Los MCIL medios se asociaron con diferencias interaurales de SL muy pequeñas (Figura 2). En promedio, una vez que el SL del tono en el oído “deficiente” era aproximadamente igual al SL del tono en el oído “bueno”, el sujeto dejaba de responder a los tonos presentados simultáneamente. No obstante, existía variabilidad, requiriendo algunos sujetos una mayor diferencia interaural que otros.

Figura 2


Discusión

En este experimento, los MCIL promedio fueron de entre 12 y 15 dB HL en el caso de adultos con una audición normal a los que se indicó que fingieran una pérdida auditiva unilateral total y se encontraron, en promedio, en el rango de 7-10 dB de los umbrales auditivos reales. En el estudio actual, se calcularon intervalos de confianza del 90% para las frecuencias de 1,0, 2,0 y 4,0 kHz. Los intervalos de confianza predicen que el 90% de las personas que fingen una pérdida auditiva unilateral tendrán un MCIL que se encontrará entre el umbral auditivo real y 17-19 dB peor que el umbral auditivo real. A nuestro entender, los intervalos de confianza no se han notificado previamente. Peck y Ross (1970), que también examinaron los niveles de interferencia en adultos a los que se les indicó que fingieran una pérdida auditiva unilateral, notificaron que, en el caso del 95% de sus sujetos, el nivel de intensidad en el que dejaron de responder se encontraba en el rango de los 14 dB del SL del tono en el mejor oído. Más adelante en su artículo, indican que el nivel se encontraba en un rango aproximado de 14 dB del umbral real para el oído “sordo”. Los intervalos de confianza para los MCIL no se pueden calcular a partir de su estudio porque solo se facilitan los niveles de interferencia. Boyd et al. (1991) proporcionaron umbrales relativos de Stenger con respecto a sus sujetos. Utilizando los datos de su Tabla 1, calculamos los intervalos de confianza del 90% para sus distribuciones (1,0, 2,0 y 4,0 kHz en la condición de fase 0°). Los intervalos de confianza fueron de 1,0-29,8 dB, 4,5-18,5 dB y 4,0-24,0 dB para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz, respectivamente. Si bien el intervalo de confianza de Boyd et al. para 2,0 kHz es similar al calculado para el estudio actual, los intervalos de confianza son bastante diferentes para 1,0 y 4,0 kHz. Estas diferencias pueden ser el resultado de diferentes características de la población dado que Boyd et al. incluyeron a sujetos que pudieron haber tenido una diferencia de 10 dB entre ambos oídos y umbrales auditivos de hasta 30 dB HL. Además, los sujetos de su estudio tenían “un conocimiento significativo de las técnicas audiométricas” (pág. 243).

Las diferencias interaurales promedio en los MCIL fueron mínimas. Es decir, una vez que el SL del tono en el oído “deficiente” era aproximadamente igual al SL del tono en el oído “bueno”, los sujetos, en promedio, dejaban de responder a los tonos presentados simultáneamente. No obstante, existía variabilidad. Las mayores diferencias interaurales de SL en MCIL fueron de 17, 18 y 17 dB para 1,0, 2,0 y 4,0 kHz, respectivamente. Resulta interesante destacar que estas diferencias interaurales procedían de un solo sujeto que pudo haber tenido un sesgo de respuesta a diferencia de la mayoría de los sujetos. Estas importantes asimetrías interaurales sugieren que este sujeto necesitaba percibir con seguridad el tono en el oído “deficiente” antes de dejar de responder. Otros oyentes, al parecer, dejaban de responder tan pronto como percibían un pequeño cambio de lateralidad o un cambio de línea central.

La Parte II de este experimento se diseñó para obtener calificaciones de lateralidad durante las presentaciones de los tonos presentados simultáneamente para cada sujeto. A continuación, se determinaba la calificación promedio asociada con la diferencia interaural del SL en MCIL.

Parte II

Procedimientos

Cada sujeto escuchaba pares de tonos presentados simultáneamente y se le indicaba que emitiera un juicio de lateralidad. La tarea de lateralidad consistía en seis categorías enumeradas numéricamente en una hoja de papel y disponibles para el sujeto a lo largo de la tarea (Tabla 4). Se requería que los sujetos indicaran el número de la categoría que correspondía al lugar donde percibían el tono o los tonos. Se les permitía solicitar una repetición de los tonos en caso necesario. También se les indicaba que no se les requería que utilizaran todas las categorías enumeradas, sino que seleccionaran la categoría que se correspondía mejor con lo que percibían.

Tabla 4

En los estímulos de la prueba, se utilizaron frecuencias de tonos puros de 1,0, 2,0 y 4,0 kHz. El nivel del tono en un oído (es decir, el oído “bueno” designado en la Parte I) se mantuvo constante a 10 dB SL (10 dB por encima del umbral audiométrico) para una determinada frecuencia. El nivel del tono en el otro oído (es decir, el oído “deficiente” designado en la Parte I) variaba entre -10 o 0 dB HL2 y 50 dB HL. Se utilizaron incrementos de 5 dB entre el nivel más bajo y 10 dB, y entre 30 y 50 dB, si bien se utilizaron incrementos de 2 dB entre 10 y 30 dB. El orden de los niveles de presentación se seleccionó aleatoriamente para cada sujeto. Este procedimiento se repetía tres veces para cada frecuencia con una aleatorización de reemplazo del orden de las frecuencias de prueba y un nuevo orden aleatorio para cada sujeto. De esta manera, cada sujeto participaba en tres ensayos para cada frecuencia con un total de nueve ensayos de frecuencia.

Análisis de los datos

Se realizaron dos manipulaciones de los datos.

1. Se indicaba a los sujetos que calificaran los tonos que oían utilizando cualquiera de las seis categorías de lateralidad (consúltese la Tabla 4). Para el análisis de datos, la Categoría 3 (el tono se oía en el centro de la cabeza) y la Categoría 4 (el tono se oía en ambos oídos) se combinaron en una sola categoría de línea central dado que ambas reflejaban una simetría en torno a un eje de la línea central. La nueva categoría se denominó como “tono oído en la línea central”.

2. Para la tarea de lateralidad, el nivel de los tonos en el oído “deficiente” se presentaba en incrementos de 5 dB desde el umbral inferior hasta 10 dB HL, incrementos de 2 dB desde 10 hasta 30 dB HL e incrementos de 5 dB entre 30 y 50 dB HL. Para mostrar las calificaciones de lateralidad promedio en intervalos iguales, se crearon categorías para cada sujeto promediando las calificaciones de cada sujeto con una diferencia interaural de SL de 5 dB. Como resultado se obtuvieron nuevos rangos interaurales para todos los sujetos que variaban de -25 dB a 44 dB en incrementos de 5 dB.

Resultados

En la Figura 3 se muestran las calificaciones promedio como una función de las diferencias interaurales del SL en el MCIL. En promedio y para todas las frecuencias, el tono se oía en el oído “bueno” o cerca del mismo cuando la diferencia interaural del SL (SL del oído “deficiente” menos SL del oído “bueno”) era aproximadamente de -25 a -11 dB, se oía en la línea central cuando la diferencia de dB era aproximadamente de 0 a 4 dB, y se oía en el oído “deficiente” o cerca del mismo cuando la diferencia interaural del SL era de 15 dB o superior.

Figura 3


Discusión

En este experimento, los sujetos percibían una imagen de línea central cuando el SL del tono en el oído “bueno” se encontraba, en promedio, en un rango aproximado de 0 a 4 dB del SL del tono en el oído “deficiente”. Es muy similar a las diferencias de intensidad interaural medias necesarias para la percepción de línea central obtenida en otros estudios de lateralidad (Yost, 1981; Yost, Tanis, Nielsen y Bergert, 1975). Yost (1981) también concluyó que la diferencia interaural necesaria para que los tonos se lateralizaran en un oído era de aproximadamente 15 dB en cuatro adultos que no presentaban una diferencia de umbral superior a 4 dB entre ambos oídos en cualquier frecuencia. En el presente estudio, una diferencia interaural del SL de 15 a 19 y de -15 a -19 dB (nivel del oído “deficiente” menos nivel del oído “bueno”) también daba como resultado la lateralidad casi total en el oído “deficiente” y el “bueno”, respectivamente.

En el examen de los gráficos individuales del presente estudio se aprecia que existe cierta variabilidad intra-sujeto y inter-sujetos. También se puede observar en la Figura 4, en la que se muestran las calificaciones de lateralidad individuales de cinco sujetos que son representativas de las funciones de lateralidad obtenidas. Si bien las calificaciones de lateralidad de algunos sujetos cambiaron rápidamente de un oído a otro con pequeños cambios en las diferencias interaurales del SL (p. ej., el sujeto 2 a 2,0 kHz), otros mostraron cambios de lateralidad más graduales (p. ej., el sujeto 5 a 1,0 kHz). Finalmente, si bien algunas calificaciones perceptivas progresaron de forma casi lineal, pasando de la lateralidad en el oído “bueno” a la lateralidad en el oído “deficiente” con los cambios incrementales en las diferencias interaurales del SL, otras funciones fueron más irregulares, reflejando probablemente la dificultad del oyente para emitir juicios de lateralidad coherentes. Por lo tanto, los datos promedio no siempre reflejan el desempeño individual de los sujetos. En consecuencia, a continuación exploramos la asociación entre los MCIL de un sujeto individual y sus calificaciones de lateralidad.

Figura 4


Comparaciones entre los MCIL (Parte I) y las calificaciones de lateralidad (Parte II)

Se determinó para cada sujeto su calificación perceptiva (Parte II) asociada con la diferencia interaural del SL en su MCIL (Parte I). En los análisis de regresión lineal se observó que la calificación perceptiva predecía significativamente la diferencia interaural del SL en el MCIL para 1,0 kHz, R2 = 0,66, F(1, 14) = 27,01, p < 0,001; 2,0 kHz, R2 = 0,55, F(1, 14) = 17,12, p = 0,001; y 4,0 kHz, R2 = 0,41, F(1, 13) = 8,92, p = 0,01. Las calificaciones medias se muestran en la Figura 5 e indican que, en promedio, los MCIL se asociaron con una calificación perceptiva de 3 o cuando el tono se oía en la línea central. No resulta sorprendente, dado que las diferencias interaurales medias del SL en el MCIL (representadas en la Figura 2) fueron aproximadamente de 0 dB y sabemos por estudios anteriores que cuando la audición es normal