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Una mañana de verano

Fue una mañana de verano, hasta esa fecha conscientemente, no había sabido, ni esperado nada sobre la sordera de mi hija, de repente sin saber por qué me empezaron a venir imágenes a mi cabeza de todo lo que habia visto pero había rechazado. Recuerdo que siempre decíamos que María era buenísima y que estaba muy acostumbrada a su hermano ya que cuando su hermano gemelo lloraba ella no se despertaba. Empecé a recordar, las veces que algún coche había tocado fuertemente el claxon asustado a Juan (el gemelo) y María había permanecido imperturbada, las veces que la llamábamos y solo respondía cuando el gemelo respondía, etc., etc. Entonces empezamos hilar cabos, y en una simple mañana mi mujer y yo fuimos conscientes que teníamos una hija sorda.

Los primeros momentos fueron de una gran incertidumbre. ¿Qué hacer? ¿Cómo responder? ¿Dónde ir? y una sensación de perdición nos sobrecogió. No se cómo habría sido nuestra vida sin la sordera de mi hija María en la familia, porque además nunca hubo alternativa, y nuestra vida sólo ha sido una, la actual. Nunca me he planteado lo que pudiera haber sido, ni creo que me lo plantearé.

Recuerdo lo primero que dijo mi abuela, una señora mayor de casi 90 años al enterarse. Mirando a María comentó: "qué suerte ha tenido, porque sé que tendrá oportunidades, amor, y dedicación al haber nacido en una familia como la vuestra" y mirando a un pobre niño de una familia de inmigrantes, recién llegados a nuestro país y cuya madre además acababa de morir, dijo: "mira las dificultades que habría tenido si le hubiese tocado a ese pobre niño".

Y, pensando en esa frase, muchas veces recapacito, la corrijo, y digo: "qué suerte ha tenido María al tener una madre como la que tiene, su fuerza, ánimo, ilusión, han sacado a nuestra hija adelante". Y digo madre porque de ella ha salido el 95% del esfuerzo en sacarla adelante. María ha sido operada dos veces, ha acudido a logopedia diariamente después del colegio, en los fines de semana, las vacaciones, los días libres mi mujer estaba siempre ahí, dándole clases, trabajando con ella, leyendo repitiendo, insistiendo, con una gran ilusión ayudándole a salir adelante. Hoy María es una más, y aún así, mi Mujer a través de sus actos me recuerda que no hay que bajar la guardia.

¿Cómo habría sido nuestra vida familiar sin su sordera? no lo sé, ni me importa, sólo sé que gracias a ella me ha ayudado a admirar fuertemente a mi mujer. Es injusto decirlo, lo sé, no se puede dar gracias a la sordera de un hija por la unión familiar de una familia. Pero como nunca sabremos el por qué de las cosas, me tomo la libre decisión hacerlo. Sé que yo y mis hijos admiramos todos fuertemente a la Madre de familia. ¿La hubiéramos admirado igualmente? Me imagino que si, pero no lo sé ni me importa lo que pudiera haber sido.

Lo que si sé, es que si hoy pudiera ver a mi abuela la corregiría y la diría, "mira Juana, qué suerte ha tenido María por la madre que le ha tocado".

Papá de María de 9 años

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