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Soy sorda y conduzco

Sacarme el carnet de conducir no me resultó muy difícil, ni en las pruebas teóricas ni en las prácticas. Para estas últimas, debido a mi problema auditivo, mi profesor me había puesto un espejo lateral adicional, más pequeño que el que ya existe. Pero al poco tiempo, lo retiró alegando que no era obligatorio. Menos mal, pues me resultaba difícil conducir con ese espejito. Con el carnet ya en mano (en el que se especifica que tengo problemas de audición), lógicamente iba en mi coche con tensión y muy pendiente de lo que ocurría a mi alrededor con el sentido de la vista más agudizado que nunca. Dieciséis años después, ya no voy con esa tensión, pero sigo conduciendo muy pendiente y dando gracias a Dios por los reflejos que tengo que me han salvado en más de una ocasión de tener pequeños golpes (sólo he tenido un accidente grave y mi sordera no tuvo nada que ver; al contrario, fue muy muy mala suerte). Si la música de la radio me molesta, la quito; si voy acompañada de alguien, la conversación va más lenta; si vienen más de dos personas conmigo, procuro no meterme mucho en lo que hablan, no sea que me distraiga. A mí no me importa. Me encanta conducir y a veces me relaja (cuando no hay atascos, claro), y me siento muy segura al volante.

Por eso, me dolió mucho cuando en un viaje de amigos, me di cuenta que evitaban que yo condujera. No entendía muy bien por qué y me sentía mal. Entonces sentí la necesidad de hablar con la persona que había organizado los coches alquilados, y resultó que había recibido peticiones de varias personas para que yo no condujera y se había sentido entre la espalda y la pared. No daba crédito a lo que me decía. Había gente que no confiaba en mí o que tenía miedo. La sordera era el motivo, y también el accidente. Bueno, puedo entender que eso dé miedo, pero todo el mundo tiene accidentes y sigue conduciendo, y muchas personas que conducen fatal tienen la suerte de no tenerlos. Me pareció muy injusto. Hoy en día cuento con el apoyo de la amiga que iba de copiloto en el accidente, porque sigue montándose en mi coche. Y su actitud fue muy importante a la hora de superar el trauma del accidente.

Ahora siento la necesidad de hablar con cada una de esas personas que no quisieron que condujera y de hacerles ver que, en la conducción, la audición no es lo más importante, sino tener buena vista y buena capacidad de reacción. Porque cuando se conduce con la radio puesta o hablando por teléfono o con otra persona, no se está tan pendiente de los ruidos exteriores. Se debería ir en absoluto silencio para estar realmente concentrado en la conducción. Y también quisiera explicarles que yo, gracias a Dios, puedo hacer una vida bastante normal y que si conduzco, es porque puedo y porque no tengo ningún miedo.

Tal vez la falta de comunicación y la ignorancia hacen que las personas actúen de una determinada manera sin caer en la cuenta en el daño que se está haciendo. Si es así, tendré que perdonarles y hacerles ver que una persona sorda es capaz de hacer muchas cosas y que la sordera puede llegar a ser tan natural como llevar gafas. Por eso, siempre es mejor, ante una situación de éstas, no tener ningún reparo en hablar o en plantear las dudas que se tengan para que la persona sorda no se sienta ofendida. Yo, personalmente, agradezco mucho que la gente sea sincera conmigo.

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