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UNO DE CADA CUATRO PROFESORES ESPAÑOLES PADECE TRASTORNOS VOCALES

• La Asociación "CLAVE, atención a la deficiencia auditiva" alerta del riesgo que supone para la salud de los docentes la contaminación acústica de las aulas

Madrid, 30 de septiembre de 2014. Uno de cada cuatro profesores españoles padece trastornos vocales. El Día Mundial de los Docentes, que celebra el 5 de octubre su vigésima edición, lleva este año el lema "¡Invierta en el futuro, invierta en los docentes!". Por eso la Asociación "CLAVE, atención a la deficiencia auditiva" (www.oiresclave.org) quiere alertar de la contaminación acústica en las aulas como un factor de riesgo para la salud de profesores y alumnos.

El 25% de los profesores en nuestro país sufren trastornos vocales, según revela "Patología de la voz", una publicación de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial (SEORL-PCF). Además, un tercio de los profesores presentan alteraciones por lo menos una vez al año. El profesor usa su voz para llegar a sus alumnos, habla con ellos, expone, aclara, incita al debate, atrae su atención, … a fin de que su audiencia mantenga la atención y escuche los mensajes con claridad.  Son los profesionales que más riesgo tienen de sufrir patologías de voz, sobre todo aquellos que trabajan con niños pequeños pues el entorno es más ruidoso.  La frecuencia de las dolencias sube en la misma medida que disminuyen las edades de los alumnos.

En la universidad, el sonido en las aulas puede llegar a un rango de entre 35 y 40 decibelios (db). En este ámbito, el profesor precisa hablar a 55-60 db. Pero cuando se trata de una clase con niños, el ruido alcanza los 65 db. Entonces no le queda otro remedio al docente que hablar más alto, hasta los 70-75 decibelios. Este límite debe superarse si el aula es grande o si se produce reverberación de la voz. Algunas asignaturas concretas, como idiomas, educación física o música exigen mayor sobreesfuerzo vocal. Todos estos datos llaman más la atención cuando se comparan con la recomendación del BIAP (Bureau International d'Audiophonologie), que dice que el nivel sonoro recomendable dentro de un aula no debe superar los 40dB de presión para que el mensaje oral sea inteligible.

Las investigaciones avalan que el exceso de ruido en los centros  escolares afecta a alumnos y profesores. La contaminación acústica satura los colegios. En primer lugar, por el ruido exterior que proviene de la calle, las obras o el tráfico. Como consecuencia, hay que elevar la voz para lograrse entender. Y como colofón negativo está el ruido generado por la propia actividad que se desarrolla en el aula y por la reverberación, que es el efecto ocasionado por el rebote de la onda sonora en paredes, suelos y objetos. El sonido permanece durante un tiempo pero no es igual, sino distorsionado por lo que el alumno tiene mayor dificultad para entender el mensaje. Si a una situación ruidosa se une una alta reverberación (+ de 5’), los docentes se ven obligados a hablar más alto y de ahí los problemas de voz y las bajas por razones médicas.

El motivo más frecuente que esgrimen los profesores para acudir a un especialista tiene relación con la disfonía. Se puede definir como la pérdida del tono, timbre o intensidad normal de la voz, y resulta muy frecuente en aquellos que la usan como instrumento de trabajo.  Los factores de riesgo son: ruido de fondo, mala acústica del ambiente, distancia amplia al hablar, calidad deficiente del aire, malos hábitos posturales y carga vocal en tiempo e intensidad.

CLAVE apuesta por la educación para limitar las consecuencias de la contaminación acústica, en los propios colegios o en otros centros, con la promoción de talleres de concienciación.













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