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Otros como yo

Mi primer contacto con un grupo grande de personas sordas como yo fue cuando tenía 34 años. La impresión de ver a tanto sordo junto y tantos implantes cocleares puestos sobre sus cabezas me dejó maravillada de los avances de la tecnología y del ambiente de amabilidad y bienestar que se respiraba allí. Fue durante una convención celebrada en los Estados Unidos sobre los distintos aspectos de la vida de una persona sorda. No sólo se hablaba de cómo educar a un niño sordo, de las pautas a seguir para que tenga una evolución normal durante su etapa como estudiante (desde el colegio hasta la universidad), de las leyes que protegen su discapacidad, etc., sino que también se compartían experiencias y se contaban divertidas anécdotas. Esto último es casi lo que más me gustó: escucharles y oírles sin ningún tipo de escrúpulos, abiertamente, sobre cualquier tema que se les planteaba en ese momento. La idea de sentirme cercana a ellos, de sufrir las mismas situaciones, de tener los mismos problemas de adaptación, me hacían sentirme como una más y no como una extraña. Y en ese espíritu, regresé a España, pensando en que había que hacer algo para que los sordos no nos sintamos aislados.

Por eso, estoy encantada con la posibilidad de conocer a otras personas como yo en CLAVE.

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